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Observatorio De Equidad De Género E Igualdad De Oportunidades
11/02/2026

11 de febrero: Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia se conmemora cada 11 de febrero desde 2015, por decisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante la Resolución A/RES/70/212. Esta efeméride fue establecida con el objetivo de reconocer la contribución de las mujeres y las niñas en la ciencia y la tecnología, y de promover su participación plena y equitativa en estos campos, que siguen dominados por desigualdades estructurales de género.

Si bien existen avances en el acceso a la educación superior y a grados universitarios por parte de las mujeres, las desigualdades de género en el ámbito de la ciencia siguen siendo significativas, al respecto se puede brindar información que constata dichas brechas:

  • Solo alrededor de un tercio de los/as investigadores/as a nivel mundial son mujeres.
  • En disciplinas tecnológicas avanzadas, la subrepresentación es aún más profunda: por ejemplo, menos del 26 % de profesionales en inteligencia artificial son mujeres, y solo una proporción mínima ocupa posiciones de liderazgo técnico.
  • Las mujeres representan aproximadamente el 35 % de las graduadas en carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y ocupan menos de una décima parte de los cargos de liderazgo en STEM.

Estos datos muestran que la igualdad de acceso no se traduce automáticamente en igualdad de representación ni de influencia dentro de las trayectorias científicas, especialmente en áreas clave de innovación tecnológica.

La literatura científica y los informes de organismos internacionales coinciden en que la brecha de género en ciencia no solo es cuantitativa, sino que se articula en un contexto social, histórico y político. Por ejemplo, en las barreras educativas tempranas: en las que se constatan diferencias de género en la elección de estudios STEM y emergen desde edades tempranas, a pesar de que las niñas suelen tener un rendimiento igual o superior en matemáticas y ciencias, no se puede ignorar la socialización diferenciada por género.

Por otra parte, es insoslayable el techo de cristal: aunque el número de mujeres con títulos avanzados ha crecido, su proporción disminuye en los niveles superiores de investigación, lo que genera un fenómeno conocido como el gráfico tijera: alta presencia en etapas iniciales y baja en posiciones sénior y de liderazgo.

Por último, es necesario poner en evidencia los sesgos institucionales y culturales: factores como la sobrecarga de tareas de cuidado, discriminación salarial, menor acceso a financiamiento, menor visibilidad en publicaciones y sesgos en la evaluación profesional, que en su conjunto contribuyen a la pérdida de talento femenino en ciencia.

Desde una perspectiva académica, investigaciones recientes confirman estos patrones en la producción científica internacional: las mujeres siguen siendo minoría en todos los campos científicos y enfrentan barreras para acceder a puestos de mayor visibilidad y autoridad.

Sin embargo, la inclusión de mujeres en ciencia no solo es un imperativo de justicia, sino también una condición para una ciencia más inclusiva y socialmente pertinente, ya que facilitaría la diversidad intelectual a través de la composición de multiplicidad de miradas que pueden generar nuevas preguntas de investigación, más amplias y por tanto soluciones más innovadoras. Por otra parte, las producciones científicas reducirían los sesgos, ya que la ausencia de perspectivas femeninas en disciplinas tecnológicas introduce sesgos en el diseño de productos y políticas, tal como fue evidenciado en los análisis de algoritmos de inteligencia artificial en los que abundan los sesgos de género.

Es necesario enfatizar que Organismos como la UNESCO han desarrollado estrategias de acción dirigidos a reducir la brecha de género en ciencia y tecnología. Por ejemplo, con su “Call to Action: Closing the Gender Gap in Science”, la UNESCO destaca la necesidad de:

  • Políticas públicas nacionales con indicadores desagregados por género.
  • Programas de mentoría y financiación para científicas y líderes emergentes.
  • Espacios seguros y libres de discriminación para mujeres en todos los niveles
    de la carrera científica.

A ello se suman campañas globales como “Imagine un mundo con más mujeres en la ciencia” que buscan no solo sensibilizar, sino activar políticas públicas y privadas que fomenten trayectorias científicas equitativas. Estas iniciativas buscan contrarrestar el “efecto Matilda”, término acuñado por la historiadora estadounidense Margaret Walsh Rossiter, en homenaje a la activista del siglo XIX Matilda Joslyn Gage , que alude al sexismo sistemático en el campo científico.

Para finalizar, se puede decir que el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia debería constituir un espacio académico y político para evaluar críticamente los avances y déficits de género en los sistemas científicos globales. Las brechas cuantitativas, como la participación de mujeres en investigación y liderazgo científico, reflejan dinámicas complejas que combinan factores educativos, culturales e institucionales. La reducción de estas brechas requiere políticas públicas sostenidas, enfoques educativos transformadores y compromisos institucionales que reconozcan explícitamente la relación entre igualdad de género, calidad científica y justicia social.

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